Restaurante CAÑADIO – HUEVOS ROTOS CON FOIE!

(Entrada original de Gallego, y actualizada por borjaeugui en octubre 2012)

Buenas de nuevo. Esta entrada podría ser tan reducida como la siguiente frase:

Tienen que ir a este sitio a probar los huevos rotos con foie.

Y es que sólo por eso merece la pena. Un par de cañas, unos huevos rotos y alguna cosilla más y has cenado de lujo. Si con esto ya estáis convencidos, pues nada llamad y reservad al Restaurante Cañadio y a disfrutarlo. En el resto del post describo el par de platos más que probamos y doy un par de tips respecto al local. Pero tampoco hace falta que lo leáis.

Empezando por la comida pedimos las cosas que venían recomendadas en foursquare. El pudin de cabracho, las albondigas de bonito, los susodichos huevos rotos con foie y la carrillera estofada. Y la verdad que esto de las redes sociales funciona. O por lo menos a nosotros nos vino genial.

Estupendas albóndigas de bonito
Huevos rotos con foie. Manjar

El pudin de cabracho es otra de las obligaciones. Es más pudin que pastel y está muy conseguido. La textura es suave y, aunque empiezas untándolo en pan, acabas comiéndotelo a saco porque la cantidad de la ración es generosa y a pelo sabe mejor. Muy muy recomendable.

Lo siguiente fueron las albóndigas de bonito. También muy buenas y sobre todo porque van hechas por fuera (supongo que a la plancha) y quedan jugosas por dentro. Muy buenas también y no muy pesadas.

Y de ahí… a los huevos rotos que aparte de foie vienes con cebolla pochada que ya es el summun para mi. Lo dicho, ellos solos merecen la vista. La ración es generosa y compatir entre cuatro creo que es lo ideal. La foto que os pongo no le hace justicia al plato, porque ya estaba hecho el revoltillo, pero de verdad que los huevos, con sus patatas y cebolla y con el foie fresco es una mezcla de ordagaco.

Por último, pedimos la carrillera. Se portaron y despúes del arreón que nos habíamos metido nos trajeron una carrillera. Estaba tierna pero la verdad es que no muy sabrosa. Fue un poco bajón de la montaña rusa en la que nos habíamos metido desde un principio.

Respecto al local, pues como podéis ver en la foto es un sitio bien decorado que tiene el detalle de la cocina abierta que permite entretenerte con el viene y va de camareros y cocineros. Pero claro, las dimensiones del salón de abajo son reducidas y no es lo que se dice un sitio tranquilo. Además, el aire estaba demasiado fuerte y no es cuestión de irte tocado de la garganta. La próxima vez intentaré reservar en la sala de arriba que es el restaurante como tal. También tiene terraza y aparcacoches, muy útil debido a la zona. Además, tienen una buena barra la cual estaba hasta arriba. Menos mal que reservamos.

Lo dicho que volveremos seguro. Por seguir probando más cosas, dicen que las rabas son estupendas. Además, para el atracón que nos dimo no nos pareció caro, incluso hasta barato para la zona y calidad. Pero bueno que para barato mi Murcia querida. Murcia forever!

Actualización, por borjaeugui.

Hace un par de semanas fuimos a cenar en familia, que mi madre tenía ganas de emborracharse y comer bien antes de irse a Bosnia de preregrinaje (No comments).

Como llegamos pronto hicimos algo de tiempo con una cañita en la barra, estupenda y repleta de pinchos cada cual más apetecible. Me decanté por uno de verduritas y una salsa tipo mayonesa líquida por encima. Magnífico.

Nosotros esta vez cenamos en el comedor arriba, cuya carta no es exactamente la misma que la de raciones de barra, sino que es algo más «seria». El picoteo empezó con un aperitivo que pone la casa: buñuelo de bacalao y gazpacho de fresa. Muy rico para hacer boca. Tras eso pedimos varias raciones para compartir, todas recomendadas: el pudin de cabracho, los huevos rotos con foie y las rabas. El pudin me pareció sublime, y con más razón cuando es un plato que nunca me ha llamado la atención. El sabor de este es impresionante y la untuosidad me encantó.

Los huevos con foie no estaban en la carta de restaurante, pero los pedimos y no tuvieron problema en subírnoslos. Son exactamente como los describe Gallego: se te va la olla. El huevo perfecto, y la cebollita pochada que lleva le da un sabor dulzón apasionante. Volveré sin duda aunque solo sea por esto.

Para terminar los entrantes tomamos las rabas típicas de Santander, que las hacen como en ningún sitio. No ponen limón porque el sabor es delicioso y es mejor no matarlo. Aparte de eso el rebozado y la técnica de fritura inmejorable. Muuuuy ligeros.

Durante los entrantes cayeron dos botellas de Marques de Riscal Verdejo 2011, un vino blanco estupendo a un gran precio (14€). Con los segundos cambiamos a un tinto de la casa, Sierra Cantabria Crianza 2008. Nos gustó mucho también.

De segundo mi madre venía potente y pidió casquería, unos morros y manitas que me parecieron muy buenos. Yo tomé hamburguesas de bonito. Dos hamburguesas tipo tartare, pero pasadas por la sartén un poco dejando el interior más crudito, y acompañadas por un ketchup y una mostaza que le va genial mojando un poquito, sorprendentemente.

Otro segundo plato a destacar fue el pescado del día que pidió mi hermana, un rapito estupendo (también llamado sapito o pez sapo), de ración y hecho con una maestría acojonante. La carne era impresionante, durita y sabrosa, daba gusto saborearlo en la boca.

La cena la rematamos con dos postres estrella. El primero la famosa tarta de queso con helado. No exagero al decir que es la mejor que he probado nunca y duró 6 segundos sobre la mesa. Lo mejor que tiene, además del sabor, es la textura blandita y cremosísima. El otro postre fue un fondant de chocolate como hay cientos, pero con un toque de sal y aceite por encima que se mezcla con el chocolate y le da un toquecillo que realza es sabor muy rico, aunque no tan espectacular como la tarta de queso.

La Costa, una perla en El Ejido

Hace un par de semanas fui a visitar el restaurante La Costa, situado en la extraña localidad almeriense de El Ejido, un pueblo con mucho dinero y muchos contrastes.  El sitio me lo recomendaron unos amigos que conocen muy bien al chef y que celebraron su boda con el cátering de La Costa, que siempre recuerdo como uno de los mejores menús de boda.


La Costa tiene dos partes, el restaurante (de menú creativo, galardonado con una estrella michelín) y la taberna, con menú de raciones en mesa y de tapas en barra. Nosotros esta vez éramos muchos (9) e íbamos en plan más informal así que elegimos la opción de comer de raciones en la taberna. Estuvo impresionante, pero me quedé con la pequeña espinita de probar el restaurante, así que tendré que volver…

La sesión empezó con unas cevezas de barril en la barra mientras esperábamos a los rezagados. En ese momento ya me dio buena espina porque la cerveza era una Alhambra Especial o similar, con mucho sabor, no la típica cerveza flojita. Además estaba muy bien tirada y helada.

Tras eso nos sentamos y empezó lo bueno. Preguntamos por la emulsión de tomate raf y los camarones con sal poco cocidos, que nos habían recomendado, pero no había, así que tuvimos que improvisar. Pedimos mientras llegaba lo demás unas raciones de jamón ibérico con queso, que estaba excelente, brillante con su grasita; y de vino un Habla del Silencio, un vino joven de las bodegas Habla de Extremadura, unas bodegas muy modernas que no conocía y me sorprendió con un sabor intenso muy cuidado. También nos pusieron de aperitivo un ajo blanco almeriense para untar, buenísimo!

Lo mejor llegó sin duda con el sashimi de atún. Dos bandejas enteras de atún delicioso, gordito, jugoso, y con un toque picante de salsa de wasabi. Probamos también las croquetas que estaban estupendas, con la lástima que solo tocamos a una por cabeza, y los chopitos, tan sencillos como siempre, pero jugosos y con un rebozado perfecto.

Para seguir llegaron dos platos de patatas con huevo, unas con ibérico y otras con foie. Las de foie fueron el segundo plato estrella de la noche, nos encantaron a todos. El huevo estaba poco hecho, liquidillo, perfecto, y las patatas gorditas, suaves y muy sabrosas… Mejores que las de Lucio! Las de ibérico por otro lado dejaron un poco que desear, ya que el jamón que estaba crujientito se les había chamuscado y sabía todo el plato a quemado. Una pena tremenda!

Para rematar la jugada pedimos dos carrilleras de ternera que estaban estupendas, tiernísimas y generosas, con lo que todos quedamos contentos.

Por último llegaron los postres. Pedimos varios para probar, pero la gran estrella fue la torrija reinventada, que nadie se esperaba que pudiera llegar a esos límites de exquisitez.

Me dio un poco de pena del sitio que fuimos un viernes por la noche en julio y estaba prácticamente vacío, lo cual es un derroche de talento. La verdad es que el barrio está un poco apartado incluso del centro del Ejido y tienes que ir hasta allí prácticamente a propósito. Francamente espero que aquel día fuera algo anecdótico.

web: http://www.restaurantelacosta.com/es/

Precio: 30€